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Columna
PIÑERA VERSUS VELASCO: LA CUESTION DE FONDO
Autor:
Ricardo Solari, vicepresidente del PS
La libertad de los personajes públicos de la televisión de poder usar su imagen a
favor de las candidaturas de su preferencia ha sido zanjada en Chile hace mucho
tiempo, precisamente por la participación activa de tantos destacados actores y
actrices en campañas políticas. Es su derecho. Las discusiones de esta contienda
presidencial no deberían jamás girar en torno a temas de esa naturaleza. Y es
lamentable que esto ocurra.
Entiendo, en la otra vereda, que es responsabilidad de todos elevar el nivel de la
deliberación ciudadana antes de que los chilenos concurran a las urnas en diciembre.
Y por ello me parece relevante hacerse cargo de las críticas de Sebastián Piñera en
contra del ministro de Hacienda efectuadas en su presentación en Icare el 9 de julio
pasado, lugar donde el candidato de la Alianza esbozó sus ideas económicas. Esa
intervención constituye un giro y anticipa la verdadera campaña que prepara la
derecha. Piñera entiende que los ataques a la conducción económica del gobierno de
la Presidenta Bachelet son la única manera de enfrentar su inmensa popularidad.
Intenta además, de pasada, capitalizar a favor de su opción la crisis mundial y su
impacto en Chile.
No hay que olvidar que la tesis básica de la campaña inicial del empresario era
aprovechar los efectos de las dificultades económicas para conseguir un arribo fácil
a La Moneda.
Sin embargo, en el paso de los meses no se vieron frutos de esa cosecha. Al revés,
el plan gubernamental de respaldar con gasto fiscal la disminuida actividad
económica interna y el funcionamiento eficiente de la red de protección social
fueron apreciados por la gente no sólo como una buena política, sino que también
como el resultado de esfuerzos responsables y continuados desde hace muchos años.
Por tanto, para muchos chilenos la idea de la alternancia con Piñera, más que una
buena oferta, se transforma en una perfecta amenaza.
Por eso un debate sobre la conducción económica es tremendamente importante. Permite
discernir entre las opciones de fondo. Se establece de esta manera la cuestión
principal de la elección de diciembre: qué tipo de gestión pública y con qué
conducción los chilenos imaginamos el futuro.
Nadie es ajeno a las circunstancias e ideas que dieron origen a esta profunda
crisis. Porque vivimos en un ambiente donde todos sabemos lo que pasa en el mundo,
no es para nada antojadizo asociar a Sebastián Piñera con el modelo en crisis,
porque la Alianza, sus economistas, sus centros de pensamiento, siempre respaldaron
las políticas de desregulación, de minimización del Estado, de eliminación de
«trabas» para la operación del capital financiero, y la lógica de bajar impuestos,
pero solventar igual gasto público oneroso, como ha sido la matriz macroeconómica de
los republicanos en Estados Unidos.
Por ese motivo, el gobierno de la Concertación, que siguió otro camino, tiene
perfecto derecho a defender su desempeño económico, su sobriedad y sus logros. Y
también a disponerse a disputar el futuro con su candidato, Eduardo Frei, que
garantiza la continuación de estas estrategias correctas, porque, como ha dicho
Andrés Velasco, "es difícil imaginar un conjunto de políticas más orientada a
prevenir y atenuar los efectos de una crisis que las que ha seguido el gobierno de
la Presidenta Bachelet".
Esta polémica vale la pena. Está en el corazón de lo que se resuelve en diciembre, y
enfrenta imágenes e ideas sobre cómo queremos organizar la sociedad chilena y las
relaciones entre el Estado y el mercado, entre el sector público y el privado, entre
el interés particular y el general. Es un buen debate, el país se lo merece.