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Columna
GANAR CON NUESTRAS IDEAS Y NUESTROS PARTIDOS
Autor:
Por Camilo Escalona, Presidente del Partido Socialista de Chile
por Camilo Escalona, presidente del Partido Socialista de Chile
Pocas veces como ahora las ideas de la Concertación habían tenido el liderazgo en Chile. Tal vez sólo se exceptúa el auge de las ideas democráticas y libertarias en la campaña del NO en 1988. Hoy nadie se atreve a cuestionar la protección social como uno de los objetivos fundamentales no sólo de las políticas públicas sino que del país en su conjunto; muy pocos se atreven a desconocer el rol del Estado en la regulación de la economía y en garantizar a todos y todas los mínimos civilizatorios en dignidad y libertades que la sociedad ha alcanzado en el siglo XXI; ninguno repite hoy lo que majaderamente la dictadura imponía por la fuerza, que el mercado era el instrumento para repartir la riqueza y distribuir los frutos del trabajo socialmente acumulado; en el presente la teoría del “chorreo” no tiene defensores en el debate público.
La derecha ha retrocedido al punto de camuflarse con la estética y gráfica de los gobiernos de la Concertación, especialmente de la Presidenta Bachelet. Hemos avanzado hacia una sociedad mejor porque nuestras ideas se han demostrado más justas éticamente y más eficaces para asegurar la cohesión social que Chile requiere.
Tales ideas se proyectan desde el gobierno de Michelle Bachelet a la candidatura presidencial de Eduardo Frei, en una agenda concreta y aterrizada que se propone retomar el mejoramiento de la Educación como pilar de la estrategia social para el próximo cuatrienio, fortaleciendo la educación pública e incrementando la calidad del conjunto del sistema educacional; en la misma dirección, el tema de la lucha contra los abusos y atropellos a las personas tanto en sus derechos sociales como en su condición de consumidores, adquiere una nueva importancia luego del conocido caso de colusión de las cadenas farmacéuticas; asimismo, el compromiso con la CUT para llevar adelante una reforma laboral que robustezca la sindicalización y la negociación colectiva emerge como otro aspecto del esfuerzo por una distribución más equitativa del ingreso nacional.
En fin, en materia de política indígena, de proyección a un nuevo nivel de lo construido en salud pública y en materia de vivienda social no hay comparación posible entre la candidatura de la Concertación, continuadora de la tarea de Bachelet con su principal rival, y la candidatura de la derecha libremercandista que se alinea tras quien resulta ser un símbolo del juego bursátil y del capitalismo especulativo.
Tras estas ideas y con los mismos propósitos se define la mayoría del país. El sentido común de la sociedad comparte las ideas-fuerza que la Concertación ha impulsado y extendido en el país.
Por eso es que es enteramente incomprensible y corrosiva la crítica contra nuestra opción de personeros con muchos años y cargos ejercidos en su haber como ministros, subsecretarios, parlamentarios o jefes de distintas reparticiones que gracias a la ayuda interesada de la prensa de derecha insisten en colocar en la agenda la idea que no hay ideas nuevas o, peor aún, que no hay ideas en la agenda concertacionista. ¿Será simple ignorancia? Difícil que personas informadas ignoren lo que ellas mismas han contribuido a construir en dos décadas para entregarle a Chile una institucionalidad democrática sólida y perdurable, así como para reinstalar los ideales de inclusión social y de crecimiento con justicia y equidad.
Más aún, en un tema tan inmensamente sensible como es el referente a los partidos políticos. Es cierto que éstos están muy afectados en su prestigio ante la ciudadanía, pero más allá de sus defectos, hasta ahora la sociedad democrática no ha inventado, en nuestro país y a escala universal, un instrumento que reemplace a los partidos políticos en su tarea de preocuparse, orientar y responsabilizarse del gobierno de la nación. Sin partidos políticos, no es posible que funcione la democracia; y sin democracia los más poderosos, los poderes fácticos, impondrán irremisiblemente sus intereses, que aun cuando pueden ocasionalmente ser legítimos, son parciales o específicos, correspondiendo al sistema institucional democrático el resguardo del bien común o del interés nacional, según sea el concepto que se quiera utilizar.
Si miramos así las cosas, es lamentable que voces que se levantaron contra las persecuciones a los demócratas bajo la dictadura se hagan parte, aunque sea involuntariamente, del persistente coro interesado en denigrar y debilitar los partidos políticos. Cuando la candidatura de la derecha se propone reunir en una sola persona el poder de la Presidencia de la República y un gigantesco poder económico y comunicacional que no tiene parangón en ninguna sociedad democrática (en situación similar a la nuestra), prestarse al vapuleo diario de las fuerzas políticas viene a ser un error garrafal.
A mucha honra, sin los partidos políticos de la Concertación por la Democracia, Chile no gozaría de la estabilidad institucional y la gobernabilidad democrática que han permitido que crezca y avance como pocas veces logró hacerlo en su historia. ¿Será entonces que es irresistible la tentación de darle municiones a la derecha a cambio de efímeros titulares sensacionalistas y pasajeras entrevistas y artículos interesados en debilitar nuestra opción?
No quisiera pensar mal, pero este reclamo sin sustento y sin consistencia, sin datos de la realidad que lo avalen, además de inoportuno, resulta sorprendente y no hace más que invitarnos a una esfera del debate estéril, virtual y antojadizo que es donde la derecha nos quisiera ver sumidos hasta la elección presidencial y parlamentaria. Ése sería el escenario perfecto para la derecha, los concertacionistas consumidos en una discusión sin fin y los piñeristas recomponiendo su estancada candidatura presidencial. No debemos hacerles ese favor.
Es por ello que he insistido e insistiré en que la tarea de hoy se llama Frei. No nos apartaremos de la misma y lograremos que Chile prosiga en su senda histórica, aquella que la dictadura pretendió brutalmente interrumpir y terminar. Somos los constructores del Chile del Bicentenario, no nos llamamos a engaño, ni permitiremos que juegos de artificio nos desvíen de este propósito; con Frei daremos un nuevo paso en libertades personales, derechos sociales y progreso nacional.