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Columna
VUELTA Y VOLTERETAS
Autor:
RICARDO SOLARI, VICEPRESIDENTE PS
Vueltas y volteretas
Nunca olvidaré la honda impresión que causó en mi adolescencia la vida y la obra del intelectual húngaro-británico Arthur Koestler. Siendo un joven militante socialista en plenos años 70, no pude menos que admirar a un hombre que, habiendo sido un ferviente comunista, condenado a muerte en la guerra civil española, se transformó —mucho antes que Solyenitzin— en un férreo detractor del totalitarismo soviético. Su libro “El Cero y el infinito” resume la experiencia de los hijos de la revolución bolchevique que fueron devorados por el estalinismo. La razón de mi admiración radicaba en la integridad moral que vertebraba su cambio de posición. Koestler demostró que las personas pueden y deben cambiar de militancias, proyectos y opciones cuando sus convicciones y vivencias profundas lo exigen.
¡Cuán diferente es el caso de Koestler respecto de algunas volteretas que hemos presenciado en los últimos días! Ciertos opinólogos, pocos pero notorios, han manifestado su decepción por la Concertación y han declarado su apoyo al candidato de la derecha. Y lo han hecho sin escatimar parafernalias para maximizar la renta por sus dichos.
Que estos personajes manifiesten, previa lectura de encuestas, sus preferencias por uno u otro candidato, está lejos de ser algo decisivo en esta campaña. Pero infortunadamente es necesario hablar de aquello, porque ese estilo instala de contrabando una indigerible tesis justificada en una total carencia de pudor: hay que estar siempre con el que está arriba en el rating. Ello, admitiendo entre medio, en la forma y en el fondo, que le exigimos más en integridad y probidad al ejército común de funcionarios que a un potencial Jefe de Estado. Esa es la pirueta. Rara y, por cierto, más para el trabajo en el diván que para el análisis político.
Menos mal que esta tesis está lejos de prevalecer en la política chilena. Como me lo ha hecho ver una buena amiga mía, que es, además, una destacada figura de la actual oposición, los intelectuales o simpatizantes de la derecha chilena, que como se sabe han sufrido continuas decepciones electorales, nunca han dado este patético espectáculo. Es muy posible que quienes —llevados de quién sabe qué idea del curso de la modernización en Chile— manifiestan a última hora su atracción por la candidatura presidencial de la derecha, esperan ser recompensados de algún modo. No comparto ni el estilo ni sus premisas.
Primero, estoy convencido de que el candidato de la derecha garantiza menos diversidad. Segundo, es evidente que el abanderado aliancista no resolverá sus conflictos de interés. Tuvo demasiado años para hacerlo. Tercero, no veo de qué modo, y si esto llega a ocurrir, podrá gobernar sin el soporte de la fuerza parlamentaria esencial de la derecha, que es la UDI. Nada personal, sólo hechos verificables, evidencia pura. Historia de Chile.
Yo trabajo y trabajaré alegremente por el candidato de la Concertación. Comulgo con muchos de los planteamientos críticos de los blogueros que se subieron a la pasarela. Pero el único camino serio para progresar hacia los cambios políticos y sociales que Chile requiere en el futuro es construir, sobre la base de su triunfo, un nuevo referente que exprese y canalice las transformaciones. Un referente que tenga la fuerza y la capacidad de hacer realidad, en la economía, la cultura y la sociedad, las ideas rectoras del progresismo, tal como las ha identificado Francisco Javier Díaz, destacado asesor de la Presidenta Bachelet, en reciente artículo. El progresismo es lucha por el cambio social y malestar con el statu quo, a la vez que pragmatismo. El progresista desafía al orden establecido y cree más en la reforma racional, gradual y constante (ojalá acelerada), que en la solución mágica. El progresista, por último, recela profundamente, por definición, del demagogo. Por todo esto espero con mucha tranquilidad el resultado del 17 de enero.
Y en materia de piruetas, seguiré prefiriendo a nuestros abnegados gimnastas olímpicos.