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Columna
LAS TAREAS DE LA NUEVA OPOSICION
Autor:
RICARDO SOLARI, VICEPRESIDENTE PS
RICARDO SOLARI, VICEPRESIDENTE PS.-
El triunfo de Sebastián Piñera inicia un nuevo ciclo político en el país. Cambian los roles. El 48,4 % de la población que no votó por él en la segunda vuelta requiere representación. Esos tres millones trescientos cincuenta mil ciudadanos merecen una voz en la discusión de los asuntos públicos, en el debate de la agenda nacional. La diversidad de la sociedad chilena tiene que expresarse.
El nuevo ciclo que se abre exige una conexión abierta y atenta con esa porción del país. Las discusiones actuales, sobre los motivos de la derrota electoral, no deben ser un ejercicio de introspección autoflagelante. Ese debate es relevante y tiene un valor inapreciable, más que como ajuste de cuenta, como un prerrequisito para las tareas del futuro y la representación de esa mitad de Chile. La autocrítica, las responsabilidades políticas, los cambios directivos, deben ser ejecutados con claridad. También con dignidad, con serenidad, sin pugilatos.
Pero el deber mayor para las fuerzas derrotadas el 17 de enero es la atención permanente del acontecer nacional y sus efectos sobre la vida de las personas. Esta es la premisa esencial de una oposición respetable.
Una vía evidente de la expresión de aquella mitad de Chile es el Parlamento, en donde las fuerzas que apoyaron a Frei tienen mayoría en el Senado y la posibilidad de articular una fuerza relevante en la Cámara de Diputados.
Pero lo principal es que la pérdida del gobierno restituye a la Concertación en su eje fundacional, la sociedad civil y la construcción de ciudadanía. Para esas fuerzas políticas, construidas en la larga historia nacional desde fuera del Estado, la relación con la sociedad se transforma nuevamente en su campo de acción prioritario.
La actividad académica e intelectual, actualmente valiosa pero ignorada, deberá resonar con más fuerzas, no apenas como un campo de producción de políticas públicas, sino como una reflexión sobre modelos de sociedad.
Frei, en la noche del 17 de enero, pidió a sus partidarios que cautelaran libertades y derechos. Los buenos deseos expresados por el candidato derrotado al gobierno entrante no son contradictorios con ese deber. Enfrente del inicio de una nueva administración, una oposición que pretende ser verdaderamente representativa debe expresar la mejor disposición. Ello es evidente, las grandes tragedias de Chile no inspiran vocación distinta.
Ello no es incompatible, tampoco, con observar atentos la evolución de grandes promesas electorales: el millón de empleos, la derrota de la delincuencia, el crecimiento del 6% promedio anual, la generalizada eficiencia del aparato estatal.
El equipo del nuevo Presidente ha entregado algunas señales en estos días. Aparece otra agenda, ausente en la campaña. Cambios de rumbo en derechos humanos, privatizaciones, flexibilidades laborales, nuevas reglas salariales. Lo que ocurre es lo tantas veces dicho: se hace campaña en verso pero se gobierna en prosa. Habrá que esperar para ver.
Y reiterando además, casi como un deber cívico, lo señalado por Eugenio Tironi en una columna reciente: la condición de Presidente de la República exige, además de energía, también reflexividad y prudencia.
Pero no debe haber espacio para el temor frente a lo nuevo. Debemos confiar en las instituciones que hemos construido en estos veinte años .Y afirmar simultáneamente, una vez más, que el país no debe retroceder, sino, al revés, progresar.
Requerimos más convicciones que recriminaciones, no sólo por los que votaron por Frei, sino particularmente por aquellas y aquellos 5 millones de ciudadanos que no se pronunciaron en las urnas el 17 de enero, pero que a partir de las nuevas reglas, inscripción automática y voto voluntario, serán los ciudadanos del futuro.