A horas de...
Por Ana Bell Jaras
Tenemos que tener otras experiencias a la vista, otros pueblos han enfrentado antes realidades como ésta, otros ya han vivido a esta derecha con su discurso de “unidad nacional”.
Lunes 25 de enero de 2010
Cuando dijimos que ellos eran los mismos, fue principalmente porque nosotros también somos los mismos, los dolientes y dolidos sobrevivientes de 1973, con nuestras nuevas proles, una generación nueva e inmediata a esa época que trae consigo las vivencias, consecuencias y secuelas que nos dejó a quienes quedamos de la primera línea.
Ese 11 de septiembre es aún una tragedia joven para una humanidad de millones de años que cuenta con una era de poco más de 2 mil, y un país que tiene una historia que sobrepasa los 500. Sin duda que la historia de Chile no empezó el ’73, pero para los que somos sus habitantes actuales más nos parece que nuestra historia parte desde allí.
Y, humildemente, creo que es éste el desafío del día de hoy para esta “joven” democracia chilena, una prueba de fuego, a lo mejor anticipada, pero hecha realidad, así como ellos nunca han gobernado en democracia, no saben cómo hacerlo, tampoco nosotros sabemos cómo resistir en democracia, tendremos mucho que aprender, sobre todo que con lo malo y lo bueno, somos los artífices de ella; que esto era evitable, no cabe duda, que cometimos errores, los cometimos, que hubo corrupción, la hubo, que tuvimos soberbia quizás demasiada, que tenemos responsabilidad, la tenemos, no todos por igual pero la tenemos, pero que llegaría un día este cambio, también no cabe duda, y si es prematuro o no está por verse, y creo que más nos valga jugarnos para que no sea prematura, porque las consecuencias sólo las pagará nuestro pueblo y sus trabajadores.
Por cierto que tenemos que tener otras experiencias a la vista, otros pueblos han enfrentado antes realidades como ésta, otros ya han vivido a esta derecha “moderna y democrática” con su discurso de “unidad nacional”.
En nuestra propia experiencia también la hemos vivido en nuestras comunas, en su actuar en el Congreso, y sabemos cuánto les cuesta mantener una conducta democrática, pero sólo la vigilancia inteligente y organizada de las fuerzas progresistas puede obligarlos día a día a cumplir con su propios discursos, sus promesas, y a no destruir nuestra infante institucionalidad democrática de 20 años.
Chile exige una nueva fuerza, una oposición con altura, que al igual que aquella de 1973 se jugó la vida en el mérito del momento histórico nosotros tenemos el deber moral de saber jugarnos también en lo que nos exige el momento presente, sólo así seremos capaces de que estos cuatro años queden inscritos en la historia de nuestra democracia como el momento de inflexión que nos impone la vida, para renovarnos, actualizarnos, fortalecernos, pare retomar con nuevos bríos y nuevas fuerzas el camino de construcción de un Chile realmente inclusivo, democrático, igualitario y con justicia social.
* Vicepresidenta Nacional de la Mujer ANEF |